¿Cómo es posible?

¿Cómo es posible?

!Apagué la radio, estaba horrorizado! Acababa de escuchar el reportaje de un juicio, con detalles cada vez más repugnantes. Estaba indignado... pero no me sentía concernido.
Sin embargo, ¿quién es el acusado? Si vamos al origen, su padre se llama... Adán. ¿Y el mío? ¡Si vuelvo al origen... también! Tenemos el mismo padre. ¡Qué escándalo! Yo, que soy una persona honesta y de buena moral, ¿tengo el mismo ascendiente, la misma naturaleza que este infame individuo?

Sí, Adán, hombre pecador, solo pudo engendrar hombres con la misma naturaleza que él. Así como un manzano produce manzanas, un hombre pecador engendra hombres pecadores que producen... pecados. Por lo tanto, tengo la misma naturaleza que el acusado del que estaba horrorizado. Unos manzanos producen mucho fruto, otros poco, pero no dejan de ser manzanos. Y el descendiente de un hombre pecador es, inevitablemente, un hombre pecador; el pecado “mora” en él (Romanos 7:20).
¡Qué conclusión negativa e indignante!, dirá usted. ¡Pero la historia de la humanidad no ha hecho más que confirmarlo!

No obstante, si acepto la sentencia de Dios sobre la descendencia de Adán, también aprendo que Dios sacrificó a su Hijo para liberarme de esta mala naturaleza. Por la fe en Cristo nazco de nuevo. Entonces recibo su naturaleza sin pecado, y paso a ser hijo de Dios. La gracia de Dios me permite pertenecer a un nuevo maestro: Jesucristo.

LECTURA: 2 Reyes 14 - Efesios 2 - Salmo 70 - Proverbios 17:7-8

LA BUENA SEMILLA.


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