La Leyenda del Taj Mahal. Max Lucado

La Leyenda del Taj Mahal. Max Lucado

Lindo palacio pero sin rey. Las leyendas de Taj Mahal; todas fascinan, pero hay una que espanta. Cuando la esposa preferida del gran Mogol Jahangir murió, devastado, resolvió honrarla construyendo un templo que le sirviera de tumba.

Su féretro fue colocado de una gran parcela de tierra y se inició la construcción del templo alrededor del mismo. No se ahorraría gasto alguno para lograr que su lugar de descanso final fuese magnífico.

Pero al convertirse las semanas en meses, el dolor del Mogol fue eclipsado por su pasión por el proyecto. Ya no lloraba por la ausencia de ella. La construcción lo consumía.

Un día, mientras caminaba de un lado a otro de la obra en construcción, su pierna chocó contra una caja de madera. El príncipe se sacudió el polvo de la pierna y ordenó al obrero que se deshiciera de la caja.

Jahangir no sabía que había ordenado la eliminación del féretro —ahora olvidado—- escondido bajo capas de polvo y tiempo.

La persona que se pretendía honrar mediante la construcción del templo había sido olvidada, pero el templo igualmente fue erigido.

¿Difícil de creer? Quizás. Pero aun así produce espanto.
¿Podría ser que alguno construyese un templo y olvidase el porqué?
¿Podría alguno construir un palacio y sin embargo olvidarse del Rey?
¿Podría alguno esculpir un tributo y olvidarse del héroe?

Responda usted esas preguntas. Contéstela en una iglesia. La próxima vez que entre a un culto, ubíquese de manera que pueda ver a la gente.
Luego decida.

Uno puede darse cuenta de quiénes recuerdan al que fue inmolado.
Tienen cara de asombro y expectativa. Son niños que observan mientras se desenvuelve un regalo. Son siervos que se quedan quietos al pasar un rey.
No se duerme en la presencia de la realeza. Uno no bosteza cuando está recibiendo un obsequio, ¡especialmente si el que lo da es el rey mismo!

Uno puede darse cuenta de quiénes recuerdan al que fue inmolado.

También es posible darse cuenta de cuáles sólo ven el templo. Sus ojos divagan. Sus pies están inquietos. Sus manos no dejan de moverse y sus bocas se abren… no para cantar sino para bostezar. Pues por mucho que intenten mantener su asombro, sus ojos comienzan a ponerse vidriosos.
Todos los templos, incluso el Taj Mahal, pierden su brillo al cabo de un tiempo.

Los observadores de templos no tienen intención de aburrirse. A ellos les encanta la iglesia. Pueden nombrar sus actividades y alabar a sus pastores. No es su intención volverse rancios. Se ponen sombrero y medias de nylon, sacos y corbatas y vienen todas las semanas. Pro aun así, Hay algo que falta. Aquel que en una época pensaban honrar desde hace tiempo ha desaparecido.

Pero los que lo han visto parecen no poder olvidarlo. Lo encuentran, a menudo a pesar del templo en el lugar de ser a causa del mismo. Limpian el polvo y permanecen de pie eternamente impactados ante su tumba… su tumba vacía.

Los edificadores de templo y los buscadores del salvador. Los encontrará a ambos en la misma iglesia, en el mismo banco… incluso en ocasiones llevarán puesto el mismo traje. Uno ve la estructura y dice: << ¡Cuán grande es la Iglesia!>> El otro ve al salvador y dice: << ¡Cuán grande es Cristo!>>
¿Cuál es el que ve usted?

Max Lucado


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