ESTE ES MI TESTIMONIO DE VIDA..

ESTE  ES MI TESTIMONIO DE VIDA..

Jose Alfredo del Valle

Viví con mi familia  hasta los   8 años. Mi padre   era periodista  y trabajaba en el periódico El Tiempo.  A él se lo habían llevado  para Bogotá y en  mi inocencia noté  que había dejado su carnet, lo tomé  y me escapé  para llevárselo, me las ingenié para que me llevaran. Al llegar a esta  ciudad  me perdí,  como era de esperarse. Conocí a una pareja que era  drogadicta y con ellos terminé  viviendo  en la  Calle del  Cartucho, donde imperaba la ley del silencio, y era casi  que imposible  reconocer  o encontrar  a alguien y la población del lugar era aproximadamente de  3000 personas.  Ellos me  trataban bien, me daban dulces, pero utilizaban a menores como yo  para robar. Entonces, me familiaricé y conviví con este mundo y todos sus actores. Me convertí en un ladrón, un gamín irreconocible, mi apariencia  física  y mi vida  habían cambiado en forma  extrema. Dormía  en las calles o si tenía  dinero  pagaba un hotel  donde se iba  a consumir droga.

Entre los  13 – 14 años me cansé  de todo eso  y me vine  para  Armenia,  a buscar  a mi familia. Mi mamá  se puso muy contenta y hasta  mi abuela  me tocaba    para ver  si se trataba realmente de mí. Me pusieron a  estudiar, pero  busqué  los sitios  de  expendio  de  droga en la ciudad  y seguí  en lo mismo. Aquí estuve 2 años, después  seguí para   Cali  a sitios  poco recomendables, duré allá  un año, volví otra vez a  casa  y la familia decidió ayudarme nuevamente, me  dieron un taxi, y hasta   dinero  para montar  dos puestos de venta de  hamburguesas y  acabé  con todo  por la droga. Mamá tenía dos apartamentos  y   les robaba  las tejas,  quitaba los  ladrillos, desvalijaba  todo, le robaba dinero, el mercado, las  cosas de la casa, robaba en la  calle  y venían a ella  para que respondiera  y pagara hasta que terminé en la calle, reciclando.  Cómo serían mis actuaciones para que una madre se canse, un hijo necesita llevarla al  límite y yo lo hice  con ella. Llegó el  momento en que me dijo que no quería  saber nada más de mí. En medio de todo eso, ya había  empezado  a meditar  en  mi  estilo de vida y a  tomar conciencia  que  no tenía  sentido  lo que estaba   haciendo.

De regreso a la calle,  una vez  puse  cuidado a ver a  qué hora  mamá  saldría  y  cuando lo hizo, me metí por el techo a la  casa, caí encima de un sofá,  reboté y  tumbé  una mesa   y caí sobre una Biblia  que ella  tenía allí. Esa experiencia  fue decisiva en  mi  vida. Al acercarme a ella, estaba  abierta en el  capítulo  43 del libro de Isaías, lo leí  y luego  busqué  otro  pasaje  y  el Señor me llevó a Josué  1:9. Empecé a llorar,  se me puso la piel de gallina, mi cabello se erizó, era como si el Señor  me estuviera  hablando, Nunca antes  sentí algo así,  ni siquiera  cuando robaba  me daba  miedo,  ni cuando  me enfrentaba con  cuchillo a alguien  en mis  robos. Yo no  creía en el Señor, pero en ese momento,  hice una oración  muy sincera, desde  lo más profundo de mi corazón y le dije  que si el existía, que hiciera algo por mí, que me cambiara, que yo  no quería  seguir viviendo  de esa manera.

También le pedí que si El era real, que  me diera una señal, que   moviera algún objeto en el cuarto, por ejemplo.  Salí  por el mismo  sito  por donde entré y al hacerlo, ya en la calle,  me encontré  con un muchacho  que llevaba un bulto y me  pidió le ayudara a alzarlo y  noté  que tenía un carnet  que decía: Fundación Bethel. Detrás de él  venían cuatro jóvenes mas y me invitaron  a que me fuera  con ellos,  era una fundación para rehabilitación de drogadictos. Yo sentí  que esa era  la señal  que  le había  pedido al Señor, pues,  nunca  había estado  en un sitio  de apoyo como esos, no tenía mucha información al respecto. De nuevo, mi madre,  aunque  muy enfadada conmigo,  decidió  pagar  la mensualidad del lugar  y exigió  que no me dejaran salir a la calle. Ya tenía  yo  31 años. Mi sorpresa fue grande al encontrar en ese lugar  a un amigo que manejaba un expendio de drogas de Santa Isabel y estaba rehabilitado, era cristiano y el único del lugar,  pues  no se podía  predicar  allí la palabra ni orar,   pero  él me ayudó mucho, y cuando estaba ansioso, me metía  debajo de la cama  a  orar o a leer la palabra, y aprovechaba  todos  los momentos  que podía  para hacerlo y pedirle  a El mucha  fortaleza. Mi amigo, Miguel, me recalcaba mucho este   2da de pasaje: "De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas" 2Corintios 5:17..  unca se me ha olvidado.

Estuve dos años en la fundación  y al salir de allí me vinculé a una iglesia  cristiana. Mamá  me volvió a recibir en su casa otra vez. Terminé el  bachillerato,  hice muchos cursos bíblicos,   cuatro semestres de teología,  me puse a trabajar y a seguir buscando del Señor, a servirle en la iglesia, pero yo sentía  que en ese lugar estaba perdiendo mi tiempo. Yo miraba  por la ventana de mi casa pasar a gente  en el estado  en que yo estuve  y sentía  un deseo muy grande en  mi corazón de hacer algo por ellos,  de ayudarlos a salir  de ese estado y poco a poco, la idea de   hacerlo a través de  una fundación, empezó a gestarse. Hablé con mamá para ponerla  ahí, en la casa  donde vivíamos y ella me dijo que si estaba loco, que  eso terminaría en un fumadero y que yo me  pondría a soplar junto con ellos.

La fundación no era  una idea loca mía, venía del Señor, y es del Señor, El  aparejó todo y hoy en día  esa casa, que no es mía, sino de una hermana, es la sede de la fundación. El proveyó  milagrosamente los camarotes, y lo mínimo que necesitábamos  para empezar.

¿Cómo traer  la gente  a la fundación? Apareció  un muchacho que pasaba por ahí,  lo invité, se quedó y en su compañía  me fui para el Barrio Santa Fe y me traje a  30  personas  locas por las drogas. Hicieron de todo, se robaron el mercado, las llaves de los baños, la ropa mía. Eso fue terrible. De ellos, se quedaron 7, los que realmente estaban dispuestos a cambiar, a los que  les conté mi testimonio, los  formé como líderes y con ellos empecé.

Aquí en la fundación, hay en la actualidad  un poco más de 42 personas. La casa es pequeña, es un sitio  humilde,  vivimos  por  fe, de la caridad. Ya llevamos  10 años  sirviéndole al Señor a través de ella. Aquí  hay personas  con sida, sífilis, cáncer, tuberculosis, drogas, alcoholismo, personas de la tercera  edad, muchos de ellos abandonados  y sin familia, hasta de clínicas y hospitales  nos llaman  para  que nos los traigamos.  Aquí predicamos la palabra del Señor, oramos juntos, exaltamos su nombre y hemos visto sanidades. Cada día es un milagro,  no tenemos recursos propios, salvo lo que recogemos de vender maní y la comida que colectan los muchachos. Hay instituciones como la Secretaria de salud, Red Salud, Efisalud, que  nos proveen medicinas,  la iglesia  Shalom y personas  a quienes  Dios usa, para hacernos aportes y sostenernos. El Señor  siempre  llega a tiempo, innumerables  veces  se acumulan facturas de luz,  agua, etc,  y  llega su  provisión. Cuando muere alguien, si es de Armenia, la alcaldía  provee  para el entierro, pero  si es de otro lugar,  hay que orar al Señor  para  conseguir con que enterrarlos. Entre todos cocinamos, atendemos el personal, bañamos los enfermos, hacemos curaciones y lo que se requiera.

¿Qué necesitamos en este momento? Pañales para adulto, sillas de ruedas, comida, gaza, Isodine, esparadrapo, medicamentos de Control: Losapina, Leomapracina, Sinogan, guantes, tapabocas, un concentrador  para oxigeno- dependientes. Si alguien quiere conocer más sobre la fundación, puede ingresar a esta página en el  facebook: fundaciónjosealfredodelvalle@hotmail.com

Mi vida  es un testimonio de lo que  el Señor  hace por alguien  que le cree. Yo decidí un día entregarme  a El de corazón, aprendí  a depender  totalmente del Señor, me levanto muy temprano en la mañana  a  orar, leo la palabra, me apoyo  en sus promesas, amo la fundación, el poder ayudarle a tantos, hacer lo que El nos manda. Cuido  la oportunidad  que me dió de  salir  de ese medio y tener una vida nueva y hasta  una  muy buena esposa  me dio, Diana Milena Arias  y tres hijos: Maicol Steven, Catalina y  Gabriela.
¿Cómo no estar, entonces, agradecido con el Señor, después que me sacó  de ese pozo  sin fin, donde me encontraba?

"El es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias, el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias"Salmo 103: 3-4

Escrito por: Lucero Perilla


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