ESTE ES MI TESTIMONIO DE VIDA.

ESTE  ES MI TESTIMONIO DE VIDA.

Querida lectora- lector: Conoce usted  un  hogar  construido a lo largo de  63 años, con hijos que son buenos  ciudadanos, buenos hijos, bendecidos y padres  a quienes Dios les ha permitido disfrutar de varias  generaciones? Se pregunta usted, qué elementos  han  influído   para tal logro? Este es el testimonio de vida   de una gran mujer que, muy generosamente  nos ha  compartido sus vivencias.

Me llamo Margarita Galviz Vargas. Mi esposo es Gregorio Tarquino. Dios nos dio la oportunidad de conocernos  y casarnos cuando yo tenía 14 años y medio. Tenemos  7 hijos: Néstor, Jaime, Julio César, Ricardo, Martha, Cristina y Carlos, 12 nietos y  5 biznietos.

La mayor parte del tiempo me dediqué a mi hogar, a mis hijos  y  a mi esposo. Siempre me ha gustado servir y más a  mi familia. Para mí era un gozo levantarme  a las 4:00 a.m, hacía  120 arepas, yo misma  molía el maíz,  cocinaba, lavaba, cuando planchaba empezaba  a las  8:00 p.m  y terminaba a las  3 de la mañana.

Nunca  involucré a mis hijos (aunque Jaime me ayudaba a arreglar la casa y Julio hacía  otro tanto)   en  la  realización de las tareas hogareñas porque  para mí, la prioridad era  que estudiaran  y Gregorio  siempre  les  hacía  mucho énfasis  en eso. Era  suficiente que trajeran buenas  notas a casa y los muchachos  respondían, eran muy juiciosos y mi esposo  los premiaba. Cuando  se calificaba  en una  escala de  1 a  5, si las  notas eran sobre 4, los llevaba a  comer fuera.

Gregorio  ha sido  un  hombre  muy responsable, hogareño, dedicado a sus hijos, de buen ejemplo,  nunca  lo vimos  en borracheras. Es un  hombre de bien  y se preocupó  por  darles  buenas enseñanzas,  que fueran  personas  correctas, que anduvieran  siempre con la verdad. El almuerzo en familia   era un momento  muy importante. Todos  tenían  que estar listos, bañados, organizados y se sentaban a la mesa, apenas  llegaba  el papá, a las 12:15. Este  era uno de los momentos para compartir, hablar de los estudios, los profesores etc. En la tarde  cada quien  hacía sus tareas  o  regresaba a la universidad.

Otro momento muy importante era en las  noches. Gregorio se sentaba a   hablar con ellos y les enseñaba muchas cosas como  el respeto, les daba  gusto, pero no los dejaba  hacer todo lo que quisieran. En todo este proceso mi hijo mayor, Néstor, también   jugó un papel  fundamental en la vida de sus hermanos. El los aconsejaba,  los ayudaba  y estaba muy pendiente de ellos.

Mi esposo era  muy estricto con todos ellos. Había  normas claras, no les pasaba  por alto nada. Por ejemplo,  nadie  podía llegar a casa después de las 10:00 p.m. También  los cuidaba mucho de involucrarse con malas amistades, que no  se metieran en vicios.  No le gustaba  que  mantuvieran  en las casas ajenas,  y no podían  traer muchachos a  la  casa a  tomar  o a quedarse porque  había dos  niñas  a las que  teníamos  que cuidar. Efectivamente  mis hijos  fueron  muy buenos  en el estudio, especialmente en Algebra, Física, Matemáticas  y  aquí venían  chicos  a  que les explicaran aspectos  que  no entendían de alguna de las áreas,  pero  hasta ahí  llegaba el asunto.

Los sábados y domingos se iba  a acompañarlos al aeropuerto el Edén a verlos jugar  football  y a hacerles barra. También  hacíamos  otro tipo de salidas  como familia. El fue un hombre muy dedicado a su hogar, muy organizado y hasta  con el dinero y todo eso se los enseñaba.

Las hijas se casaron muy  jóvenes y los muchachos  terminaron sus carreras. Hay dos contadores, un abogado, un economista y un  administrador de empresas. Pero, más que esos logros  que  son muy importantes, hay  otro mayor  y es que mis hijos  conocen del Señor. Néstor, y Jaime estaban en Bogotá  cuando empezaron a escribirme  sobre el Señor, luego  yo  conocí de El   y  después  el resto de nuestros  hijos. Hoy día, Néstor es pastor. Todo esto es  un regalo  maravilloso de Dios. Serví un año en el diaconado  y  luego,  la artrosis  empezó a deteriorar mi salud y  hace poco  la columna.  Ya  no puedo caminar mucho,  hasta  silla de ruedas  me  pronosticaron los médicos, pero  yo he rechazado esa condición  y mi Señor me tiene  de pie.

Yo sirvo a mi Señor desde la intercesión. Aunque mi esposo  aún no hace un compromiso  con Dios,  juntos  oramos por  los hijos todas las mañanas, leemos la palabra y en la tarde  también  oro e intercedo  por las peticiones de la gente de la iglesia. A mí me mandan  un listado  para clamar por las necesidades de otras personas. A veces  duermo muy mal, pero  aprovecho   y me  he pasado noches enteras  orando, alabando y leyendo la palabra. Mi deseo es algún día poder ir a la iglesia con mi esposo, (verlo a él en los caminos del Señor) y mis hijos a dar este testimonio de mi hogar. También le pido al Señor  que mis hijos nunca se aparten de Dios y le sirvan.

Estos pasajes bíblicos  me  agradan mucho: Salmo 27,  Jeremías 33:3.

Sin el Señor,  yo no hubiera  podido  llegar a estos 63 años de matrimonio, contar  con mi esposo y saber que a pesar de los años nos seguimos amando, tener  estos  hijos, nietos  y biznietos , verlos  bendecidos por Dios, y que, son hombres y mujeres de bien, que  aman y le sirven a El. Ademàs, honran y bendicen  a  sus  padres.

Escrito por: Lucero Perilla


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