ESTE ES MI TESTIMONIO DE VIDA.

ESTE  ES MI TESTIMONIO DE VIDA.

Nosotros  siempre hemos sido  una familia  unida. Está conformada  por  nuestra  hijas, María  Elizabeth  y Melissa Trujillo,  mi esposa,  Cielo Andrade  y   yo,  Arnulfo  Trujillo. En el año 2011 nos  tocó  afrontar el día malo  del que nos habló  el Señor  en Efesios 6:13. Nosotros  servíamos  en  nuestra  iglesia, el Señor  se glorificaba en nuestro  trabajo, éramos  columnas fuertes allí, compartíamos la palabra.

Yo tenía dos  trabajos: una microempresa de arepas  boyacenses y  luego,  me invitaron    a complementar ésta  actividad  repartiendo el correo  472 entre  Circasia  y Armenia. Este correo  llevaba  la correspondencia a los  juzgados, fiscalías, notarías, etc.   Quien me lo recibía en Armenia  revisaba  la documentación  y cuando  había  alguna guía  sin firma o huella,  me pedían que  la  completara, que no había ningún  problema. Cuando  empecé con este  trabajo  no  recibí  una  inducción   sobre  éste  aspecto.

El 11 de agosto de 2011, un jueves, a  las 5:30 p.m me detuvieron  seis  personas  de la policía  de antinarcóticos. Me leyeron  los derechos, la fiscalía 31 de Bogotá  me requería por tráfico, fabricación  y porte  de   estupefacientes. El 15 de enero de 2010 había  llegado una  caja  a  Bogotá con destino a Madrid  España, la pasaron  por escáner y entre los libros  y otras cosas había 390 gramos de cocaína, la  guía  correspondiente estaba  firmada  por mi  y  tenía mi huella. Me  llevaron   a la estación de policía  de  Circasia y pedían permiso  para llevarme inmediatamente a  Bogotá, pero  no se pudo  hacer  porque  yo no tenía  mis  documentos  en ese  momento. Mientras  mi esposa  me  los  llevaba,  entendió  que ese era un ataque del enemigo  y empezó a rechazar  esa situación en oración y clamaba  al Señor  para que no me enviaran allá. Al día siguiente  me hicieron la legalización de la captura ante un juez. En medio de todo esto, el Señor  no permitió  que me llevaran para Bogotá y me dieron detención domiciliaria. Yo soy una persona  conocida en el pueblo,  tengo buen testimonio y esto fue  una sorpresa  para  todos  y  en  especial  para nosotros en casa, nadie entendía que estaba  pasando.

Aunque  estábamos aturdidos,  había cosas  que nos traían  paz, como el hecho de tener  una conciencia que no  me acusaba. Me nombraron una defensora pública quien daba fe  que  yo vivía  en una casa  humilde,  nada que tuviera  que ver con   el estilo de vida de un narcotraficante. De los seis  caballeros que vinieron a   capturarme, se fueron   cuatro  y quedaron  dos,  quienes quisieron darme  la libertad y nos dieron consejos  y advertencias. Se supo  quien era la persona  que realmente  estaba detrás  de  los envíos,  uno de esos   fue el que  yo firmé, pero no lograron capturarla. La abogada se enfermó  y  el tiempo fue pasando  hasta que, a los tres meses ella  reportó  que se había comunicado con la fiscalía  31 de Bogotá y que la propuesta  era que me declarara  culpable, que aceptara los cargos, porque, de lo contrario,  pasaría mucho  tiempo en todo ese proceso. La gente decía  que era muy  difícil  que saliera  absuelto,  y que  si no lo hacía  me podrían condenar a  5 o 6 años de cárcel, hasta algunos abogados penalistas dijeron que yo era David  y  la fiscalía era Goliat, y mi esposa  les respondió que David había vencido a Goliat.  La abogada decía que ella no podía  acompañarme a Bogotá, y que, me nombrarían  otro defensor que no me conocía  y en un lugar   donde yo también era un absoluto extraño. Después de pensar y meditar  en todo eso, llegamos  a la conclusión que yo no tenía  porque   declararme culpable cuando  no lo era y decidimos  dar la lucha.

El Señor empezó  a  proveer personas y recursos para enfrentar  una batalla  de esas. El Pastor Eliécer  me habló del abogado Alexander de la  comunidad Cristiana  Shalom, de Armenia, el tomó mi caso y solo  cobraba  lo de los viáticos, cada  vez que fuéramos a las audiencias. Dineros  que no teníamos, pero  la iglesia Shalom, el pastor Rubén Darío Ramírez,  y otros líderes también  nos apoyaron con ello y mucho más. Fueron 15 audiencias llevando  testigos,  perdiendo tiempo varias  veces, vaya y venga. Al comienzo  me llevaban  directamente a la Cárcel  Modelo antes de cada  audiencia,  una experiencia  muy difícil, llegaba hasta enfermo de ese lugar, dormía encima de un planchón. Al final, la misma  juez autorizó   para  me fuera solo  sin  la compañía  del Inpec.

Después de  27 meses de pasar por este desierto, finalmente  me declararon inocente, hasta  la misma  fiscalía en Bogotá  pidió  mi  libertad. Hace  dos meses  que  soy un hombre libre. Mi madre murió a raíz  de todo esto.
Cómo  logramos  salir airosos de un caso  de estos,  en contra de todo pronóstico y qué aprendimos?

  1. Aprendimos a tener  absoluta dependencia del Señor. Los problemas de la vida  se  superan de rodillas,  en oración,  creyéndole al Señor, es muy diferente  creer en las cosas de El, que  creerle a El. La fé  es vital en momentos  como los que vivimos. Decidimos, entonces,  confiar  y esperar  en El. Fueron muchos  los  meses  sin  que mi esposo  pudiera trabajar  y proveer  para  los gastos de la casa. Frente a cada  recibo de agua, luz,  etc yo, como esposa oraba  y oraba  y clamaba. Al principio esperaba  en amigos, familiares,  pero  no llegaba esa  ayuda, hasta que entendí que el Señor era en quien debía de esperar.  Mi esposo, por ejemplo, se iba para las audiencias  y yo quedaba aquí  orando y clamándole  al Señor hiciera  justicia, que  se manifestara, que confundiera  las palabras mentirosas de los  testigos,  púes hasta  9 llevó  una vez la fiscalía. También le pedía  obrara  en el corazón de la juez  o quien correspondiera. En los tiempos malos hay que pegarnos de El como  un chicle.
  2. Nos refugiamos en la  palabra, nos apropiamos de sus promesas y esperamos en ella. La fe se activaba  al  ver el obrar del Señor  y  al recibir sus promesas, como cuando me dijo   en la palabra  que  compraría sin dinero  y me llamaron de un supermercado  preguntando si aquí vivía el Sr, Arnulfo Trujillo,  que fuera a recoger un bono  para  un mercado.  Frente  a cada persona  que no creía que mi esposo  fuera declarado inocente, yo les declaraba  lo contrario  con base en las promesas que nos daba.
  3. Aprendimos a conocer de su naturaleza divina. Dios es el defensor de los huérfanos, de la viuda, del inocente. Si  Dios  no nos hace justicia, entonces, quién lo hará? Eso  sería   El ir en contra de su  naturaleza. El no es así porque El cumple su palabra. Eso nos confortaba mucho.
  4. Aprendimos  que Jesús es nuestro abogado y el nunca ha perdido un caso.
  5. Aprendimos a  esperar en los tiempos de Dios. Aquí a casa llegaba gente  como lo hicieron  los amigos de Job, a cuestionar, Yo sabía que mi esposo era inocente. Algunos lloraban, estaban enojados, tristes  porque esperaban, por ejemplo, que saliera libre en la quinta  audiencia y entendimos que no era  cuando  el hombre quisiera, sino  en su tiempo, El sabría  porqué.
  6. Mi esposo aprendió a conocer al Señor, como padre  y a estar más quieto, pues al tener dos trabajos,  vivía  muy agitado y corriendo.
  7. En medio de la crisis,  no pedir  paciencia,  sino el Don para esperar y El lo hace.
  8. Algo que le pedí al Señor era que mis  hijas  pudieran cultivar  una fe propia a través de todo esto,  no que vivieran de una fe prestada, sino que lo vieran actuar.
  9. Crecimos  mucho en fe. Dios quiere que nos movamos de lo natural a lo sobrenatural. Es allí donde podemos  arrebatar  los milagros.

Vale la pena, entonces,  Seguir , Amar  y Servir al Señor.

Finalmente,  quisiéramos  dejarles estos  pasajes que  fueron tan vitales para nosotros: Isaías  49:25; Jeremías 39: 17-18; Josué 1:9; Efesios 6; Hebreos 11:1; Salmo 27; Salmo  40.

Escrito por: Lucero Perilla


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