Testimonio de Vida de Patricia Lozano

Testimonio de Vida de Patricia Lozano

Este es el testimonio de vida de una  madre que, ante la amenaza de muerte  sobre   su hija en medio de un proceso de parto, decidió creerle a Dios  y dar  la batalla  por ella y su nieta.
Me llamo  Patricia  Lozano. Mi esposo es William Orozco. Tengo cuatro  hijos: Julián Andrés de 29, Maira Alejandra   de 26, Erika Tatiana de 19 y Mariana de 9 años. Los dos  mayores  ya se casaron.

Conocí del Señor hace diez años. Era  una muy buena católica, apostólica y romana, pero un día, escuchando la  emisora Alfa Estéreo aquí en Armenia, invitaron  a asistir a un clamor de madres  por los hijos y yo decidí ir. Estaba muy mal económicamente y  quería pedirle al Señor  su provisión  para tener con qué mandar a mis hijos a la universidad. A ese evento  trajeron a la cantante cristiana  Yulitza y a una predicadora especial. Las canciones  me conmovieron mucho al igual que la predicación, era como si  Dios me estuviera hablando  directamente.

Entonces,  busqué donde  congregarme, empecé a  hacer estudios bíblicos. Con el paso del tiempo,  me invitaron a un retiro espiritual  donde realmente me sentí tocada por el Señor, allí  me enamoré de El: recibí sanidad interior,  liberación, fui libre de ataduras. Antes de esa experiencia era una cristiana sin cambios  significativos  en  mi vida.

Seguir al Señor  no ha sido  fácil. Al comienzo me llovieron  muchas críticas, comentarios  poco agradables de familiares  y amigos. Me  ha tocado llorar  y doblar rodilla por mis  hijos y mi  esposo, pero el Señor  se ha glorificado y ellos  ya  conocen del  Señor,  el mayor es pastor de  jóvenes en otra  comunidad.

Aprendí a depender  de El. Las decisiones que tengo que  tomar siempre  se las consulto, y El me da respuesta  a través de la palabra o de las personas. La oración también  hace parte de mi vida y  cultivo  una relación  con El.

Todo esto me sirvió  para  enfrentar  la batalla  por la vida de mi  hija. Maira Alejandra se casó hace dos años, a los seis meses decidieron encargar  un bebé. El parto  transcurrió  normal, nunca  presentó  síntomas de preclansia ni de presión alta. Nosotros orábamos  por un parto normal  y todo el personal médico. Cumplió las 40 semanas y el médico la hospitalizó el  14 de marzo de este año para inducirle el parto  al día siguiente.

Todo  transcurría muy bien con mi hija hasta el día  15. Entre las  8:30 a.m  y las 9:30 a.m  el parto se complicó: no dilataba, le dio un paro,  cardio-respiratorio, se le subió la presión. En medio de todo eso le aplicaron anestesia para sacar a la bebé y salvar la criatura. Para completar, se le fue  un trombo a los pulmones  y también líquido anmiótico terminando en  una embolia pulmonar según  lo relatado por el médico. La reanimaron, pero quedó con la embolia. Tenía mucha hemorragia y  creyendo que provenía del útero, la abrieron otra vez para sacárselo  y detener  este sangrado. Al abrirla se dieron cuenta que el sangrado  no  provenía de allí sino que había  problemas en la coagulación de la sangre y empezaron a  cauterizar las arterias comprometidas para evitar que se desangrara, le aplicaron plasma  y sangre  esperando  que lo asimilara para que   produjera  sus propias  plaquetas.

Cuando  yo supe  de la situación de mi hija, nos postramos en el piso y empezamos a  llorar  y a clamarle al Señor   por ella. Rechazaba este ataque del enemigo y declaraba  vida  para que ella  pudiera  criar  a su  bebé. El médico  nos reunió y nos dijo  que, humanamente  ya habían hecho  todo lo posible,  y que, el resto era  la voluntad de  Dios y que, solo tocaba esperar.

Aún en contra del pronóstico médico y del hecho que algunos  familiares  ya  pensaban  que ella moriría, yo seguía  declarando vida para ella, yo les decía  que el Señor  la iba a sanar y me apropiaba de las  promesas del Señor, en especial del salmo  34. Así fue,  ella estuvo dos días en la unidad  de cuidados intensivos de la Clínica de la Sagrada Familia de Armenia y salió de todo eso. El médico también decía que si se salvaba era muy posible que sufriera  algún daño sico-motor, lesiones  cerebrales y muchas más cosas. Yo le respondí a El que, cuando el Señor  hace un milagro,  lo hace completo y que, el cerebro de mi hija  iba a ser  renovado. Al comienzo hablaba incoherencias, no recordaba lo sucedido, pero eso fue  pasajero, ella  está bien y con vida  para  ver crecer a su  hijita y esperamos que pronto le den de alta. A Maira  le dicen en la clínica: LA RESUCITADA DE LA UCI. El  Señor tuvo misericordia  y le hizo cuatro  milagros.

Que representó   éste testimonio para la  familia? Esta  fue  una prueba  de unidad, de fe, de  ver  la grandeza de El y obró cuando  quiso,  y como quiso. A veces  todos  queremos las cosas fáciles, pero hay que doblar rodilla, tener comunión con Dios, intimidad en su presencia. Tenemos que creerle a  El,  Perdemos las batallas  porque menospreciamos la sangre de Cristo derramada en la cruz y es a través de ella que  nos da la victoria, tal y como  nos lo dice  Isaías  53, que por sus llagas  hemos sido  sanados.

Esta  prueba la  ganamos  en  fe. Es lo  que mueve el corazón de  Dios. El apropiarnos del amor de Dios y su fidelidad, el humillarnos, nos permitió ver estos milagros del Señor. Como dice su palabra: Al corazón  contrito  y humillado  no rechazas  tu, y esperamos que ella  pueda más adelante  venir a la iglesia  y presentar personalmente este  testimonio. Agradecemos  a todas  las personas en nuestra comunidad Shalom  y  hermanos de otras iglesias  que nos respaldaron  en clamor  y oración.

Escrito por: Lucero Perilla


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