¿Cómo Enseñarles Gratitud a los Hijos?

¿Cómo Enseñarles Gratitud a los Hijos?

Muchas familias crían hijos agradecidos y que valoran lo que tienen sin tan siquiera planteárselo, y esto sucede porque la herramienta didáctica más importante para inculcar valores (todos los valores) es el ejemplo. Si los padres son personas que valoran lo que tienen, que pueden apreciar lo que los demás les brindan (material y no material) y que, además, son agradecidos con sus hijos, probablemente no haga falta mucho más que eso. Pero por supuesto, nunca está de más detenerse a pensar un poco en cómo enseñarles a los niños a ser agradecidos.

A partir de los dos años pueden decir “gracias” y empezar a comprender la gratitud en un contexto concreto: dar las gracias por un regalo, por un caramelo, etc. De a poco, se va desarrollando el pensamiento de los niños y van pudiendo encontrar un significado más profundo y poder agradecer incluso acciones que no tienen nada “material” en el medio.

La manera en que los padres vean su mundo y, por ende, reflejen en sus hijos, es fundamental: si vivimos quejándonos por lo que no tenemos, si criticamos los regalos que recibimos porque no son de nuestro agrado o porque nos parecen “poco”, si siempre sentimos que los demás están “en deuda” con nosotros y vemos el vaso medio vacío en lugar de medio lleno, será difícil que los niños sean agradecidos, incluso cuando tengamos la costumbre de agradecer la comida en la cena.

Los rituales como el bendecir la mesa que se realiza en algunas familias, o las oraciones para, entre otras cosas, pedir y agradecer que acostumbran decir las familias religiosas son importantes pero insuficientes si no van acompañadas de una coherencia en el día a día.

Ver y hacerles ver a los niños una actitud positiva de alguien (por ejemplo, un hermano que es capaz de prestar un juguete a otro -no señalando al que no lo hace, sino solamente marcando la actitud positiva-), ayudarlos a valorar todo lo bueno que tienen, hablar en la cena de lo bueno que a cada uno le ha tocado vivir ese día, son pequeñas enseñanzas que dan grandes frutos.

Por otro lado, no darles a los chicos todo lo que desean aunque económicamente exista la posibilidad de hacerlo, también los ayuda a valorar y agradecer. Si no, todo pierde valor.

Y, por último, no reservar la palabra “gracias” solo para usar fuera de la familia: expresar claramente a nuestros hijos que estamos agradecidos cuando ayudan cuando hacen un favor o un mandado los hace vivir en carne propia lo que es recibir la gratitud de otro, y eso los llevará a ponerla en práctica para con los demás.

Lograr que un niño pueda decir “gracias” y sentirse agradecido por cosas materiales y no materiales es más que haber criado un niño “bien educado”, es haber criado un mejor ser humano y una persona que será más capaz de dar y recibir felicidad.


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