Clamor de Dios

Clamor de Dios

¿Puede haber una expresión más dolorosa para aquel que siempre depositó su confianza en Dios? Ese clamor de Jesús en el momento más solemne de la crucifixión ya aparece en el Salmo 22, el cual describe por anticipado sus sufrimientos expiatorios y el canto de victoria que le siguió.

El rey David había declarado: “Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado” (Salmo 37:25). Sin embargo, el único hombre perfectamente justo tuvo que ser abandonado... Durante las tres horas tenebrosas de la cruz, no se oyó ninguna respuesta; el abandono fue total, absoluto. Y al final, el silencio fue roto por el trágico y misterioso: “Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”.

¿Por qué motivo el Hijo de Dios, el hombre perfecto, tuvo que padecer? (Isaías 53:10). Sufrió porque tomó nuestro lugar en el juicio de Dios por nuestros pecados. Por amor llevó los pecados de todos los creyentes, e incluso se hizo pecado por nosotros. En la cruz, Jesús encontró a Dios como un juez que no puede renunciar en nada a su santidad, y que ejerció sobre él el castigo contra el pecado. Lo abandonó, se alejó momentánea pero infinitamente de él.

Jesús nunca había cesado de disfrutar la comunión con su Dios; ahora esta estaba interrumpida porque él se identificó con el pecado mismo. El Dios justo desvió sus ojos de él; pero, al mismo tiempo, el Dios de amor dio a su propio Hijo para la salvación de los hombres.

Lectura: Éxodo 34 - Hechos 23:12-35 - Salmo 35:15-21 - Proverbios 12:1-2

Tomado de la Buena Semilla


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