Las Horas de las Cruz

Las Horas de las Cruz

Sucedió a principios del primer siglo en Jerusalén.

Una multitud llena de odio gritaba: “¡Fuera, fuera, crucifícale!”. Entonces, el gobernador Pilato les entregó a Jesús para ser crucificado (Juan 19:15-16). Los hombres se sublevaron contra Jesús, quien venía de parte de Dios para revelarles su amor. Lo rechazaron y pidieron la muerte de aquel que, sin embargo, solo había hecho el bien. Así desvelaron la profundidad del mal que había en ellos. ¡Qué vergüenza! Todos, independientemente de su nacionalidad, participaron consintiendo ese crimen.

Era mediodía. El sol estaba en su cenit, pero de repente la oscuridad invadió el país. ¿Qué sucedió? Era la hora más solemne de la historia de la humanidad: ¡Los hombres habían crucificado a Jesús, el enviado de Dios!

¿Por qué Dios no destruyó a esos malvados que insultaban y ultrajaban a su amado Hijo? Había burlas e injurias dirigidas a Dios: Si Jesús confiaba en Dios, ¿por qué Dios no lo libraba? Igualmente, los hombres se burlaban de Jesús, el crucificado: “Si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz” (Mateo 27:40). Ante esta situación, Dios había guardado silencio, y Jesús también.

Sin embargo, algunas voces aisladas proclamaron la injusticia de semejante crimen. Uno de los dos malhechores crucificado al lado de Jesús dijo: Recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas este ningún mal hizo” (Lucas 23:41). El oficial romano que estuvo presente en la escena de la crucifixión glorificó a Dios, diciendo: “Verdaderamente este hombre era justo” (v. 47).

Lectura: Éxodo 36 - Hechos 25 - Salmo 36:1-6 - Proverbios 12:5-6

Tomado de la Buena Semilla

 


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