Invócame en el Día de la Angustia

Invócame en el Día de la Angustia

¿Qué Pagaré yo al Señor?

El autor de este salmo se hallaba en una situación desesperada; estaba pasando por momentos de angustia y dolor. Entonces se volvió a Dios y le dijo: “Oh Señor, libra ahora mi alma” (v. 4). En su gracia, Dios intervino y lo libró. Ese creyente entró en un conocimiento más profundo del Señor, y declaró: ¡Clemente, justo y misericordioso es el Señor! Y añadió:

“Estaba yo postrado, y me salvó” (v. 6).

Ahora sentía la paz después de la tristeza, la serenidad tras la angustia: “Vuelve, oh alma mía, a tu reposo, porque el Señor te ha hecho bien” (v. 7). Ahí percibió hasta dónde podría haber llegado haciendo el mal: “Tú has librado mi alma de la muerte, mis ojos de lágrimas, y mis pies de resbalar” (v. 8). ¡Qué descanso! Pero, ¿esto es todo? No, él llega a un punto esencial y se pregunta: “¿Qué pagaré al Señor por todos sus beneficios para conmigo?”.
¿Qué podemos dar al Señor a cambio de su amor? ¿Debemos mostrar celo y consagración? Por supuesto, pero sobre todo debemos expresarle nuestro agradecimiento, alabarle, proclamar la grandeza y el amor del Señor, quien es la solución a todos nuestros problemas. La expresión: “Tomaré la copa de la salvación, e invocaré el nombre del Señor” (v. 13) significa: adorarle, reconocer que él es Dios y, sobre todo, que salva y libera.
El Señor desea producir esta adoración en el secreto de nuestro corazón, por supuesto, ¡pero también colectivamente junto a otros creyentes!

Lectura: Isaías 10 - Gálatas 6 - Salmo 39:7-13 - Proverbios 13:1


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