Por Favor Mírame

Por Favor Mírame

Esta mañana mi hijo se portó mal, y lo llamé para arreglar el problema entre él y yo. Se acercó cabizbajo. –Jerónimo, ¡mírame, por favor!, le dije. El niño levantó la cabeza, y nuestras miradas se cruzaron. Así establecí un contacto personal con él. Jerónimo supo que estaba frente a su papá. Pudo leer en mi mirada que lo amo y que me preocupo por él porque es mi hijo. También comprendió que lo único que yo deseaba era perdonarlo, si él reconocía sus errores. Y gracias a este contacto directo las cosas se arreglaron tranquilamente.

Al llegar la noche, Jerónimo tenía un problema con un juguete. Muy alterado entró en mi oficina con el juguete en la mano. Le daba vueltas y vueltas y trataba de arreglarlo solo. Yo estaba ahí, esperando... Después de un rato lo animé, diciéndole: –Jerónimo, mírame y explícame. El niño levantó la cabeza y descubrió al fin que su papá estaba verdaderamente ahí. ¡Ahí estaba el que podía ayudarle! Entonces me explicó cuál era el problema y rápidamente le arreglé el juguete.

Cristianos, cuando oramos, es esencial volver nuestra mirada hacia Dios. Nunca olvidemos que nos dirigimos a un Padre que nos ama. Él está dispuesto a perdonarnos, si le confesamos nuestros pecados. Él está listo para respondernos, si le presentamos nuestras necesidades. ¡Y nuestras dificultades nunca son demasiado grandes para él!

No oremos, pues, con los ojos puestos en nosotros mismos; no nos dejemos dominar por nuestras dificultades. Levantemos los ojos hacia nuestro Dios, hablémosle realmente, y nuestras oraciones serán transformadas.

LECTURA: Números 16:20-50 - 3 Juan - Salmo 79:1-7 - Proverbios 18:22

LA BUENA SEMILLA.


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