¿De que color pinto usted a Dios?

¿De que color pinto usted a Dios?
¿De que color pinto usted a Dios?

Imaginémonos que al nacer nos dieron un lienzo limpio. Las palabras y acciones de nuestros padres, o la falta de ellas suplieron las herramientas, pinturas y pinceles con los cuales nosotras debemos pintar la imagen de Dios mientras íbamos creciendo. ¿De qué color hemos pintado a Dios?

Si nuestros padres estuvieron ausentes por el divorcio, el abandono, el lienzo nos quedó limpio. Quizás ni creíamos en la existencia de Dios, no teníamos razón para creer en un padre terrenal cariñoso, ni mucho menos en uno celestial. Muchas veces el padre ausente pudo haber obrado para nuestra ventaja, las hijas que no tiene que oponerse a imágenes paternales negativas, a veces aceptan mejor a un Dios paternal.

Si nuestros padres eran distantes en lo emocional, quizás pintamos un Dios difícil de hallar en tiempos de necesidad, quizás lo pintamos con colores pasteles, blancos o rosados pálidos que casi no veíamos. No estábamos seguras de que Dios tuviera interés por nosotras.

Si nuestro padres fueron ineficaces por ser alcohólicos, viciosos, quizás tuvimos una variedad de pinturas, representando a un Dios contradictorio, unas veces esta bien, otras veces esta bien mal, lo pintamos con salpicaduras de confusión y remolinos de dudas, no sabíamos que esperar de Dios.

El padre abusivo, áspero o dominante por lo general hace el mayor daño. Quizás nuestro lienzo estará cubierto de colores oscuros y siniestros, negros y cafés, quizás pintamos a un Dios colérico volátil y exigente. Aunque nos esforzáramos nunca lo complacíamos.

Esas imágenes que hicimos de niñas, son inquietantes, seguramente al avanzar en edad, cubrimos con telas esos cuadros del Dios que era como nuestros padres, pero el lienzo sigue existiendo. Los padres determinaron como la pintura salpica nuestros lienzos, la pintura se secó hace mucho tiempo y para muchas nuestros lienzos han permanecido sin cambios.

Jesús se dirigía a Dios como Padre una y otra vez. Le decía Abba, palabra aramea que quiere decir papi o papá. Marcos 14:36, Jesús puso énfasis en que Dios es el Padre perfecto mejor que cualquier padre terrenal, todos los rasgos que caracterizan a Jesús son también los de Dios. Al poner los ojos en Jesús ¿Qué vemos? ¿Lo vemos indicándonos el  camino a un Padre amable y cariñoso que anhela que sus hijos conozcan su amor?  Un papi es alguien que esta disponible, que se puede abrazar y que es fuerte. No se divorcia de la mamá, ni muere en un accidente, ni bebe demasiado alcohol, ni abusa de usted ni la descuida. Es probable que la palabra papi nunca llegó a ser real para algunas de nosotras, esa palabra resume todo lo que hemos perdido y todo lo que seguimos buscando. Es muy probable que ahora mismo Dios no sea nuestro papi. Quizás es un Dios inasequible, distante y alejado.

¿Qué clase de Padre es Dios?


Dios es amor 1 Juan 4.16
, sin embargo, el conocimiento intelectual no convence a la niña que llevamos dentro, a quien han abandonado o lastimado los que se suponía que la amarían. Solo el amor de Dios es bastante poderoso para llenar todas las grietas y hendiduras dejadas por la pérdida paternal en nuestro corazón.

El amor de Dios es perfecto:
Es un amor del creador hacia el objeto creado, más que el del rey por su súbdito, es un amor de padre hacia hijo “Y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas dice el Señor Todopoderoso” 2 Corintios 6:18.

El amor de Dios es incondicional: El amor de Dios nunca se derrumbará ni romperá bajo el peso de nuestros errores. Satanás se asusta con  la idea de que nos convirtamos en hijas de Dios, quiere que creamos que Dios está demasiado enojado para amarnos y que somos demasiado indignas, cuando el venga a acusarnos por nuestro pecado debemos resistir esas mentiras, reconocer que hemos pecado pero debemos decirle… si satanás mi Padre ya lo sabe y aun así me ama. Dios no es un Dios lejano que nos hace sentir culpables todo el tiempo.

La disciplina de Dios nos prueba que somos sus hijas:
La hija privada de Padre se estremece ante la idea de la disciplina de Dios. Talvez tenga recuerdos de palizas, piensa que la disciplina de Dios es como la terrenal y falible de nuestros padres. Muchas de nosotras crecimos sin la guía y limitaciones apropiadas, por un tiempo disfrutamos de la libertad,  pero al final, la falta de disciplina nos produjo dolores, esclavitud al pecado y la seguridad de que no éramos importantes. Hebreos 12:6 dice “El Señor disciplina a los que ama y castiga a todo el que recibe como hijo” Los motivos de la disciplina de nuestros padres eran falibles, muchas veces el enojo o el egoísmo daban impulso a sus acciones. El motivo de Dios es siempre el amor y nuestro bien. Debemos aprender a recibir la disciplina de Dios para que demos fruto en la vida.

Muchas de nosotras no tuvimos la oportunidad de ser como niñas cuando crecíamos, nos obligaron a ser buenas, tuvimos que ser fuertes para soportar el trauma de la familia que se hundía en las aguas heladas, pero hoy podemos volver a ser niñas.

¿Qué clase de hijas somos con nuestro Abba Padre? ¿Lo elogiamos delante de otras personas? ¿Le cantamos alabanzas? ¿Cuánto tiempo pasamos con El? ¿Cómo lo llamamos en nuestra intimidad?

Cuando dejamos nuestros niños pequeños con los abuelos ellos empiezan a buscarnos en todos los cuartos para ver si nos encuentran, de la misma manera nosotras corremos de cuarto en cuarto en la vida en busca de nuestros padres.

¿Qué clase de Dios pintaremos ahora? ¿Seguirá siendo un padre distante e inasequible? ¿O en este día volveremos a pintar a Dios con colores tan reales que se convertirá en nuestro papi, nuestro Abba Padre?

Es nuestra decisión ¿Estaremos de pie fuera de la sala del trono, con miedo de entrar? ¿O nos pintaremos sentadas en su regazo?  ¿Cuántos años tendremos? ¿Estaremos demasiado adultas para necesitar un papá o para recibir abrazos y amores?

Tomado del Libro ¿Papá dónde estabas?. Heather Harpham

Escrito por: Claudia C. Botero

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