Dia 15 - El Amor Ahabah y Chesed de Dios, Parte II

Dia 15 - El Amor Ahabah y Chesed de Dios, Parte II
 Viernes, Marzo 1 del 2013

Ayer, Día 14 de la Cuaresma, hablamos del amor de Dios que se observa en Deuteronomio, el quinto libro del Antiguo Testamento de la Biblia. Miramos las dos palabras hebreas para amor que más se utilizan en ese libro: “ahabah”, el amor de elección de Dios – y “chesed”, el amor de pacto de Dios. Sigamos hoy, Día 15, con el misma tema …

El amor de Dios por Su pueblo Israel, Su “ahabah” y Su “chesed”, era incondicional. No lo amaba por lo que era: “No por tu justicia, ni por la rectitud de tu corazón … porque pueblo duro de cerviz eres tú … desde el día que saliste de la tierra de Egipto, hasta que entrasteis en este lugar, habéis sido rebeldes a Jehová.” (9:5ª,6b,7b) Tampoco lo amaba por lo que hacía: “Y miré, y he aquí habíais pecado contra Jehová vuestro Dios; os habíais hecho un becerro de fundición, apartándoos pronto del camino que Jehová os había mandado … Y cuando Jehová os envió desde Cades-barnea, diciendo: Subid y poseed la tierra que yo os he dado, también fuisteis rebeldes al mandato de Jehová vuestro Dios, y no le creísteis, ni obedecisteis a su voz.”  (9:16,23)

No, Dios amaba a Su pueblo simplemente porque sí, porque así lo había designado desde la fundación de la creación: “… os ha querido Jehová y os ha escogido … por cuanto Jehová os amó …” (7:7ª,8ª). Y Dios amaba a Su pueblo por amor de Su Nombre, como dice el Salmo 106:7,8: “Nuestros padres en Egipto no entendieron tus maravillas; no se acordaron de la muchedumbre de tus misericordias, sino que se rebelaron junto al mar, el Mar Rojo. Pero Él los salvó por amor de su nombre para hacer notorio Su poder.”

El amor de Dios por Israel era abundante y lleno de gracia y favor: El les ofrecía Su presencia, Sus bendiciones y Su provisión (2:7); Su protección (23:14ª); Su dirección (1:33); Su misericordia y Su promesa de siempre recordar Su pacto con ellos (4:31). Aun había declarado que Israel era “un pueblo especial” (7:6) y “pueblo suyo, de su exclusiva posesión” (26:18).

Y como respuesta a ese extraordinario amor de Dios, ¿qué debería hacer Israel? Como había entrado en un pacto-“chesed” con El, Israel también tenía que amar a Dios como El había pactado amar a Su pueblo.

Pero Dios quería más de ellos que solo señales frías y externas de amor; El deseaba y demandaba una lealtad única y de todo corazón. Les dijo en Deuteronomio 5:6ª,7: “Yo soy Jehová tu Dios … no tendrás dioses ajenos delante de mí.” Y en Deuteronomio 6:4,5: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.” Y de nuevo en Deuteronomio 10:12: “Ahora, pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma …”

El amor de Israel para su Dios debería tener una dimensión de temor y reverencia: “En pos de Jehová vuestro Dios andaréis; a Él temeréis …” (Deut. 13:4) Y en Deuteronomio 6:13ª: “A Jehová tu Dios temerás, y a Él solo servirás …”

El amor de Israel para su Dios debería incluir una correcta y sincera adoración, mandado en Deuteronomio 12 y 13.

El amor de Israel para su Dios también se debería expresar en obediencia a Sus leyes y mandamientos: su obediencia debería fluir de su corazón lleno de amor así como su adoración. Deuteronomio 11:1 dice: “Amarás, pues, a Jehová tu Dios, y guardarás sus ordenanzas, sus estatutos, sus decretos y sus mandamientos, todos los días.”

Y más importante aún, Israel debería amar a Dios porque Dios lo había amado primero. A la final, el origen principal de todo amor para Dios se encuentra en Dios mismo. “Y circuncidará  Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas.” (Deut.30:6) Todo amor empieza y termina solo en Dios.

Amados: hoy también vivimos en el “ahabah”, el amor de elección, y en el “chesed”, el amor de pacto, de nuestro Dios y Padre celestial. Efesios 1:3-6 dice: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado …”

Y en respuesta a ese “ahabah” y ese “chesed” derramados sobre nosotros, también deberíamos amar al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, y con toda nuestra alma, y con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas, porque es el principal mandamiento (Marcos 12:30). Nuestro amor por El debe fluir en una adoración que Le agrade: “Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de (Jesús), sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan Su nombre.” (Hebreos 13:15). Y nuestro amor por Él debe llevar a la obediencia que nos pide: “Si me amáis, guardad mis mandamientos.” (Juan 14:15)

Amados: a la final, recordemos que el origen principal de todo amor para Dios se encuentra en Dios mismo, como lo dice 1 Juan 4:19: “Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero.” Aprendamos a vivir cada día más y más en ese amor que inicia solo en Él – ese amor que “todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” – ese amor que “nunca deja de ser” (1 Corintios 13:7,8) – ese amor “ahabah” (de elección) y ese amor “chesed” (de pacto) que Dios tiene para cada uno de nosotros.

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