Dia 40 - Una Vida de Cuaresma

Dia 40 - Una Vida de Cuaresma
Sábado, marzo 30 del 2013

Muy buenos días, mis amados amig@s: los que todavía caminan conmigo en nuestra aventura cuaresmal – ¡lo logramos! Hasta el día de hoy, hemos caminado 40 días juntos: ayer llegamos al cerro del Calvario, recordando la muerte de Jesús en la cruz – ¡y mañana veremos a Cristo resucitado y vivo por siempre!

Ojalá estos 40 días de reflexión nos hayan ayudado a preparar nuestros corazones para el evento más trascendental y más significativo en la historia de la humanidad. Ojalá hemos sido tocados, inspirados y desafiados con los estudios que hemos hecho acerca de nuestro corazón como terreno fértil para la Palabra de Dios, acerca del amor inquebrantable y eterno de Dios por nosotros, acerca del Padre asombroso y Sus dos hijos perdidos y necesitados, acerca del significado de la Pascua tanto para los judíos del Antiguo Testamento como para los cristianos del Nuevo, acerca de ver nuestras vidas como unos vitrales, acerca de los regalos de amor que Jesús dejó alrededor de Su cruz …

Cuando empecé a escribir reflexiones hace 40 días, lo único que sabía es que teníamos que terminar con una cruz en el monte del Calvario y con una tumba vacía tres días más tarde. Pero cómo íbamos a llegar, de eso no tenía ni idea – no sabía por qué caminos íbamos a andar para encontrarnos al final del camino en las afueras de Jerusalén, contemplando la muerte de Jesús en una cruz por nuestra maldad y luego celebrando Su resurrección y Su victoria que nos brindan vida abundante y eterna. Pero Dios mismo trazó el camino, Dios mismo lo anduvo desde el principio hasta el final con nosotros – Él ha sido fiel para mostrarnos y hablarnos lo que Él quiso revelar, lo que Él deseaba que viéramos y entendiéramos, de Él y de nosotros mismos.
 
Definitivamente, el camino de esta Cuaresma no termina aquí. Las revelaciones de Dios durante este tiempo no son para unos 40 días antes del Domingo de la Resurrección y no más – son para que las recordemos y las vivamos el resto de la vida:
 
¡Cómo no apreciar las épocas de desierto en nuestras vidas, si nos acercan al corazón de amor de Dios!

¡Cómo no dejar atrás el temor y la duda y afirmarnos en la verdad de que Dios nos ama profundamente, incondicionalmente, desde siempre y para siempre!

¡Cómo no maravillarnos con todo lo que la Pascua simboliza y significa para nosotros!

¡Cómo no ver nuestras vidas como unos vitrales a través de las cuales nuestro amado Cristo debe brillar en toda Su majestad!
 
¡Cómo no postrarnos en gratitud y adoración al pie de la cruz, cuando vemos y entendemos todos los regalos que El dejó allí para nosotros!

Amados amig@s: ojalá – lo espero, lo oro y confío – que sus corazones hayan sido marcados, cambiados y afirmados en estos días, así como el mío:
 
Nunca veré igual a una margarita, porque siempre me recordará que, no importa cual pétalo deshojo por último, ¡Dios me ama! – y me recordará que no puedo ni quiero vivir menos amada de lo que verdaderamente soy.
 
Nunca leeré igual la Parábola del Hijo Prodigo, porque siempre recordaré que un padre asombroso tuvo dos hijos igual de perdidos y necesitados de su amor – a veces yo soy el uno, a veces el otro, pero siempre mi Padre celestial estará allá para recibirme con perdón y gracia.

Nunca pensaré igual del amor de Dios para mí: nada me puede separar de Su amor “ahabah”,  Su amor de elección, y de Su amor “chesed”, Su amor de pacto por mi -  “Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Romanos 8:38,39)

Nunca contemplaré igual la fiesta de la Pascua: el cordero, la sangre, la carne y los panes sin levadura – siempre recordaré que todas las cosas apuntan a Jesús, el Cordero de Dios inmolado para redimirnos y salvarnos, el Cordero que es suficiente para todo el mundo.

Nunca veré igual a un vitral: aunque son magníficos en sí, siempre pensaré en mi propia vida también, preguntándome si Jesús, la Luz del mundo, se puede ver claramente y fielmente a través de mi.
 
Nunca llegaré igual al cerro del Calvario, ignorando todos los regalos de amor que Jesús dejó allí por mí – desde aquí en adelante, la corona, los clavos, el letrero, la túnica, los lienzos del sepulcro tendrán un valor incalculable para mi vida.
 
Mañana, otro año más, conmemoraremos la Resurrección del Señor Jesucristo de entre los muertos. ¿Y la extraordinaria promesa para nosotros los que en Él creemos y Le amamos? ¡También resucitaremos y tendremos vida eterna juntamente con Él!
 
“Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquél que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.” (Juan 6:40)

“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.” (1 Pedro 1:3-5)

Mañana, el Domingo de la Resurrección, saludémonos con las palabras de la iglesia tradicional a través de los siglos: “¡CRISTO HA RESUCITADO!” – y la respuesta: “¡EN VERDAD HA RESUCITADO!”

Les dejo: con mi amor y mi gratitud por su valiosa compañía a través de esta Cuaresma, y esperando que me sigan acompañando en www.reflectionsforliving.com en los días que vienen…

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