Lo Que Vi En Una Gota de Lluvia

Lo Que Vi En Una Gota de Lluvia
Miércoles, 22 de mayo del 2013

Cuando lo vi, sabía que podría llegar a ser una foto excepcional. Pero, poder captarlo bien con solo la cámara de mi celular y con mis pocas habilidades fotográficas, ése era el reto …

Creo que lo logré: una hoja larga de pasto cinto verde rociada de gotas de lluvia.

Me gusta como la foto quedó de una claridad vívida – me gusta como todos las gotas en todos sus tamaños están esparcidas sobre la hoja – me gusta como brillan y como reflejan la luz del día.

Al mirar aun más detenidamente la imagen, vi que cada gotica reflejaba no solo el sol, sino algo más. ¿Pero qué era? Decidí agrandar la gota para poder verla más de cerca, y vi reflejado en ella un bulto grande y oscuro, rodeado de espigas delicadas.


Al seguir ampliando la gota, por fin pude ver y entender lo que estaba reflejado en ella. Era la imagen de una roca grande y fuerte y sólida.


¡Qué belleza! No solo la foto en sí, pero todo lo que me vino a la mente y al corazón al verla así de cerca …

Ayer, estaba en el Hotel Los Viñedos en La Unión, Valle en Colombia. El hotel de por si está ubicado en un cerro en medio de un valle lleno de cultivos. Con mi familia y un grupo de amigos, decidimos ir a caminar para subir hasta la punta más alta de la loma. Allá arriba, en un gran plano lleno de pasto y arbustos y unos pocos árboles pequeños, desde donde la vista por todos los lados era imponente y hermosa, encontramos una roca. Una sola roca inmensamente grande, sólida, fuerte e inmovible.

Y pensé en Dios. Y me acordé del Salmo 18:31 que dice: “Porque ¿quién es Dios sino sólo Jehová? ¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios?”

Solo una roca encontramos en el plano más arriba del hotel. Y solo una roca existe para todo ser humano en este mundo: Jehová Dios, la única verdadera roca que hay, la única roca que se necesita. Solo Él es la roca grande, sólida, fuerte e inmovible que precisamos y que, quizás aun sin saberlo, anhelamos.
 
Cuando nos sentimos pequeños frente a todo lo que la vida nos trae y nos entrega, Dios es la roca más grande que nos puede amparar y proteger. “Desde el cabo de la tierra clamaré a ti, cuando mi corazón desmayare. Llévame a la roca que es más alta que yo …” (Salmo 61:2)

Cuando nos sentimos débiles y frágiles, decaídos y desfallecidos, Dios es la roca solida y fuerte que nos puede sostener y levantar y fortalecer. “Sé para mí una roca de refugio, adonde recurra yo continuamente. Tú has dado mandamiento para salvarme, porque tú eres mi roca y mi fortaleza.” (Salmo 71:3)

Cuando todo alrededor nuestro parece estremecerse y sacudirse, cuando sentimos que ya no tenemos tierra firme debajo de nuestros pies, ni vida segura y tranquila en nuestros días, Dios es la roca inmovible que  no cambia (Malaquías 3:6 y Santiago 1:17). “En Dios solamente espera en silencio mi alma; de El viene mi salvación. Sólo El es mi roca y mi salvación, mi baluarte, nunca seré sacudido. (Salmo 62:1,2)

En el Nuevo Testamento, es Jesucristo quien es la roca de nuestras vidas. 1 Pedro 2:4 y 6 dice que Cristo es “una piedra viva, desechada por los hombres, pero escogida y preciosa delante de Dios”, “una piedra escogida, una preciosa piedra angular, y el que crea en Él no será avergonzado”. 

Al estar reflexionando sobre todo esto, mis ojos y mi mente volvieron a la foto que había tomado: una roca reflejada en una gota de lluvia sentada en una espiga de pasto cinto. Y pensé: aun en las tormentas más difíciles de la vida, aun cuando la lluvia de problemas y luchas cae más fuerte y duro, aun cuando las lágrimas brotan y fluyen de nuestros ojos y de nuestro corazón – en cada gota que cae del cielo o de nuestra cara, allí está y siempre estará Jesucristo: nuestra roca, nuestra preciosa piedra viva – allí para refugiarnos, para salvarnos, para fortalecernos.

Amig@: ¿estás viviendo días difíciles? ¿te sientes pequeño, débil y decaído frente a las batallas que estás peleando en tu vida? Toma la decisión hoy de ver a Jesús como la única y verdadera roca que te puede resguardar, sostener y edificar. Que puedas tú también decir junto con el Rey David quien lo pronunció hace unos 3000 años: “El SEÑOR es mi roca, mi amparo, mi libertador; es mi Dios, el peñasco en que me refugio. Es mi escudo, el poder que me salva, ¡mi más alto escondite! Él es mi protector y mi salvador.” (2 Samuel 22:2,3)

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