Hay Esperanza - Hay Una Salida

Hay Esperanza - Hay Una Salida
Jueves, mayo 30 del 2013

¿Cómo te sientes hoy? ¿Te sientes “entre la espada y la pared”? ¿Hay situaciones en tu vida que te hacen sentir que no hay forma de avanzar, y tampoco hay manera de echar para atrás? ¿Te sientes rodeado, encerrado, angustiado, desconsolado?

Amig@: ¡hay esperanza! Aunque parezca imposible, ¡hay una salida! No una salida que tú puedas concebir con tu mente humana, ni que tu puedas ver con tus ojos humanos – sino una salida sobrenatural, más allá de tus pensamientos y tu imaginación – una salida que solo el Dios Todopoderoso puede obrar, en tu vida, para ti. Acompáñame al Salmo 77 …

1 Con mi voz clamé a Dios,
    A Dios clamé, y él me escuchará.
2 Al Señor busqué en el día de mi angustia;
Alzaba a él mis manos de noche, sin descanso;
Mi alma rehusaba consuelo.
3 Me acordaba de Dios, y me conmovía;
Me quejaba, y desmayaba mi espíritu.
4 No me dejabas pegar los ojos;
Estaba yo quebrantado, y no hablaba.
5 Consideraba los días desde el principio,
Los años de los siglos.
6 Me acordaba de mis cánticos de noche;
Meditaba en mi corazón,
Y mi espíritu inquiría:
7 ¿Desechará el Señor para siempre,
Y no volverá más a sernos propicio?
8 ¿Ha cesado para siempre su misericordia?
¿Se ha acabado perpetuamente su promesa?
9 ¿Ha olvidado Dios el tener misericordia?
¿Ha encerrado con ira sus piedades?
10 Dije: Enfermedad mía es esta;
Traeré, pues, a la memoria los años de la diestra del Altísimo.
11 Me acordaré de las obras de JAH;
Sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas.
12 Meditaré en todas tus obras,
Y hablaré de tus hechos.
13 Oh Dios, santo es tu camino;
¿Qué dios es grande como nuestro Dios?
14 Tú eres el Dios que hace maravillas;
Hiciste notorio en los pueblos tu poder.
15 Con tu brazo redimiste a tu pueblo,
A los hijos de Jacob y de José.
16 Te vieron las aguas, oh Dios;
Las aguas te vieron, y temieron;
Los abismos también se estremecieron.
17 Las nubes echaron inundaciones de aguas;
Tronaron los cielos,
Y discurrieron tus rayos.
18 La voz de tu trueno estaba en el torbellino;
Tus relámpagos alumbraron el mundo;
Se estremeció y tembló la tierra.
19 En el mar fue tu camino,
Y tus sendas en las muchas aguas;
Y tus pisadas no fueron conocidas.
20 Condujiste a tu pueblo como ovejas
Por mano de Moisés y de Aarón.

El domingo pasado, Javier Voelkel predicó en nuestra iglesia SHALOM en Armenia, Colombia. Y habló del Salmo 77, contándonos de su contexto histórico y aplicando el salmo a nuestras vidas de hoy. De allí, unos pensamientos de él y unas reflexiones mías …

¿Estás viviendo unos días de angustia? ¿Estás sin descansar por las noches? ¿Estás sin consuelo y lleno de quejas? ¿Tienes el espíritu desmayado, el corazón quebrantado y la boca callada por el aprieto tan difícil en el cual te encuentras?

¿Estás abrumado por preguntas? “¿Será que Dios está enojado conmigo?” “¿Será que ya no me ama?” “¿Será que ya se acabó Su bondad y Su compasión para conmigo?” “¿Será que Sus promesas ya no valen en mi vida?” 

Si te sientes así, si sientes que no hay concordancia entre lo que has conocido de Dios y lo que estás viviendo ahora, no eres el único. A través de la historia muchos han vivido, y hoy en día muchos están viviendo, lo que tú sientes hoy.

¿Qué puedes hacer? ¿Qué debes hacer?

Primero: buscar a Dios y clamar a Él en el día de tu angustia – porque Él te escuchará.

Segundo: traer a la memoria todas las obras prodigiosas que Dios ha hecho en el pasado, en el mundo y en tu propia vida – y recordar quién y cómo es Dios: santo, grande, poderoso, redentor. Si Él es un Dios que ha hecho maravillas en días pasados, y si Él es un Dios que nunca cambia, ¿no será que esta vez también Él puede hacer un milagro en tu vida? Quizás no Lo puedas ver, ni escuchar, ni sentir en estos momentos – de todos modos, haz memoria de Su carácter perfecto e inmutable, acuérdate de los prodigios que ha obrado en tiempos pasados – “Espera al SEÑOR; esfuérzate y aliéntese tu corazón. Sí, espera al SEÑOR.” (Salmo 27:14) – porque otra vez, si lo crees, Dios puede hacer lo inesperado, lo insondable, lo sobrenatural  en tu vida. 

Hace unos 3500 años, el pueblo de Israel por fin pudo salir de sus años de esclavitud en Egipto. Marcharon hasta llegar al Mar Rojo, y allí quedaron parados y confundidos: ¿ahora para dónde? No había forma de avanzar más: al frente tenían el grande y profundo Mar Rojo. Y no había manera de volverse hacia atrás: cuando miraron, vieron que el fuerte ejército egipcio los había perseguido y estaba por destruirlos a todos. ¿Qué hacer? ¡Estaban rodeados y encerrados por un mar impetuoso y por un ejército cruel! ¡Veían que no había salida! Y tenían toda la razón: humanamente no había salida. Pero no estaban contando con el Dios Todopoderoso que les había hecho una promesa de llevarlos hasta la Tierra Prometida – un Dios para Él cual nada es imposible, nada es difícil – un Dios que puede abrir un camino en medio de un mar, una senda por la cual todo un pueblo puede cruzar en seco – un Dios que puede salvar a Su pueblo, y luego destruir a sus enemigos Y así fue: dice Isaías 43:15-17, “Yo Jehová, Santo vuestro, Creador de Israel, vuestro Rey. Así dice Jehová, el que abre camino en el mar, y senda en las aguas impetuosas; el que saca carro y caballo, ejército y fuerza; caen juntamente para no levantarse; fenecen, como pábilo quedan apagados.”

Amig@: exactamente así Dios puede hacer en tu vida hoy. Cuando ves que tienes “muchas aguas” frente a ti – cuando miras hacia atrás y tienes tu “enemigo” persiguiéndote – cuando no ves camino ni posibilidad hacia adelante ni hacia atrás … el Dios para Él cual nada es imposible puede abrir “camino en el mar” y destruir al “ejercito” que te acosa.

La decisión es tuya: ¿vas a creer, o no? ¿vas a seguir parado y paralizado por lo que ves, o vas a empezar a caminar creyendo que las muchas aguas se abrirán? ¿vas a andar por vista, o vas a andar por fe? (2 Corintios 5:7)

Se dice del patriarca Abraham, después de haber esperado 25 años para que se cumpliera la promesa de un hijo y de una descendencia multitudinaria que le había hecho Dios: “Su fe no flaqueó, aunque reconocía que su cuerpo estaba como muerto, pues ya tenía unos cien años, y que también estaba muerta la matriz de Sara. Ante la promesa de Dios no vaciló como un incrédulo, sino que se reafirmó en su fe y dio gloria a Dios, plenamente convencido de que Dios tenía poder para cumplir lo que había prometido.” (Romanos 4:19-21)

Amig@: que tú y yo también podamos tener una fe fuerte y férrea que no flaquea aunque reconozcamos que las circunstancias no estén dadas para que se cumplan las promesas que Dios nos ha hecho – que no vacilemos ante esas promesas como incrédulos, sino que nos reafirmemos en nuestra fe por nuestra plena convicción de que Dios tiene el poder para cumplir lo que ha prometido en nuestras vidas – y démosle gloria, porque lo que Él ha dicho y prometido, Él sin duda alguna hará. 

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