Esperame en el Pozo Señor. Juan 4: 1-45

Esperame en el Pozo Señor. Juan 4: 1-45

Cuanta riqueza,  consuelo y esperanza hay en la palabra del Señor. En el pasaje de la Mujer Samaritana, por ejemplo,   podemos  ver cuán  grande  es su amor  para con  cada una  de sus  hijas. La mujer Samaritana  tenía una cita  con el Señor  y ella no lo sabía. Iba  allí  con  su cántaro  a  buscar  del  agua  que no saciaba su sed, al que ella recurría  una  y otra vez.

Tenía un cántaro  difícil de cargar, muy pesado  y un pozo que la esperaba. Cuantos cantaros  no tenemos en la vida  y cuántos son nuestros  pozos a los que acudimos  tantas veces, pero  que al igual  que esta mujer, volvemos  a tener  sed  muchas veces.

¿Cuál  es  tu cántaro y cuál es tu pozo, amiga  o  amigo? ¿Donde  estas  saciando tu sed? Hay tantas mujeres  y personas    buscando con desesperación  migajas de afecto y  por ello, permiten  ser maltratadas, abusadas, utilizadas,  también están quienes  corren toda su vida detrás del   dinero  y lo dan todo  por ello, pero al final, cuando tenemos que partir   no nos llevamos nada de eso,  queda para otros y otras,   ese pozo  puede ser el trabajo,  para darnos cuenta que, el día que no podamos  producir más para la empresa, simplemente nos remplazan por otra persona, también es común ver los  y  las que  quieren adormecer  su ser  lleno de  heridas, dolores y sufrimientos, tristezas  y amarguras en medio de las drogas, el alcohol, los antidepresivos….Hay muchos  pozos mas. Cualquiera  que beba  del agua de esos  pozos,  saciara  su sed  por un momento.

Querida amiga,  corramos  juntas a nuestros pozos por  última vez. Allí nos espera  Jesús, en ese lugar  nos confronta con nuestras propias  realidades  porque muchas  veces  ni somos conscientes de ello. El no mira  lo que  la sociedad mira,  no le importa  cuál sea nuestra condición, y es especialista en amar a los que nadie ama, en mirar a los que nadie mira, en tocar  a los que nadie toca,    y lo apostó  todo y lo dió  todo parar levantarnos, restaurarnos,  y darnos  una vida  nueva, para enseñarnos a  colocar cada cosa en su lugar.
 

JESUS ES  EL POZO  NUEVO  QUE SI  SACIA NUESTRA SED. Nadie que  tenga ese encuentro con EL volverá  a  ser el mismo o la misma. El nos espera, que podamos  verlo allí y abramos  nuestro  corazón como lo hizo  la  mujer  samaritana para no dejar pasar esa oportunidad y  para no seguir tomando el agua de nuestros pozos  que no sacia.

Escrito por: Lucero Perilla


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