Actitudes Y Oraciones que Tocan el Corazón de Dios 2Reyes 20: 1-11

Actitudes Y Oraciones  que  Tocan  el Corazón de Dios 2Reyes 20: 1-11

En la vida  hay momentos  muy duros y el enfrentar  una enfermedad  grave o terminal es uno de ellos, bien sea  a nivel  propio, ajeno o de  un ser querido. ¿Cuáles son  las reacciones que, comúnmente encontramos al respecto?

  1. Aceptamos  la enfermedad, nos resignamos a morir y decimos que así lo quiso el Señor, que  a lo mejor  era lo que nos merecíamos.
  2. Renegamos de Dios,  nos llenamos de resentimiento y amargura y esperamos la  muerte ansiosamente  para aliviar así nuestras  penas.
  3. Buscamos  cualquier medio  o  persona  que nos pueda  ayudar  a librarnos de la muerte, llámese  brujo,  espiritista etc.

Si ese  fuera  su caso. ¿Qué haría usted?

Veamos  lo que un rey decidió hacer  en esa situación y cómo  Dios le respondió:


"1 En aquellos  días Ezequías cayó enfermo de muerte. Y vino a él el profeta Isaías hijo de Amoz y le dijo: Jehová dice así: Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás. 2. Entonces el volvió su rostro a la pared, y oró a Jehová y dijo: 3. Te ruego, oh Jehová, te  ruego que hagas memoria de que he andado delante de ti en verdad  y con íntegro corazón, y que he hecho las cosas  que te agradan. Y lloró Ezequías con gran lloro. 4 Antes  que Isaías saliese hasta la mitad del patio, vino palabra de Jehová a Isaías diciendo: 5 Vuelve, y di a Isaías, príncipe de  mi pueblo: Yo he oído  tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí que yo te sano; al tercer día subirás a  la casa de  Jehová.  6 Y añadiré a tus días quince años, y te libraré  a  ti y a esta ciudad mano del Rey de Asiria y ampararé  ésta ciudad por amor  a mí mismo, y por amor a David  mi siervo".
 

En el caso de Ezequías tuvo el privilegio de ser avisado  de parte de Dios  a través del profeta, que su vida  terminaría y que debía  arreglar su casa. Ezequías no  adoptó  ninguna de las posturas mencionadas  anteriormente. El decidió  luchar por su vida, sentía  que  aún no estaba listo  para partir,  adoptó  una  actitud humilde, oró, quebrantó, derramó su corazón delante del Señor, lloró, le expresó su angustia, su preocupación,  le dio  a conocer  su  petición, su deseo de seguir viviendo y lo hizo ante quien debía  hacerlo, ante El Rey de Reyes y Señor de Señores,  ante el dador de la  vida. Ezequías  también  hizo algo que llama mucho la atención,  fue respaldar su petición en lo que él considera  ha sido  una  vida íntegra delante de El, que ha buscado  agradarle y  le ruega que haga memoria de ello.

Indudablemente que esa oración  y su actitud, tocaron el corazón de Dios, lo movieron a misericordia y lo sanó, le alargó  la  vida, y le dio mucho más.

Pero, podríamos pensar  si  nuestro estilo de vida  o nuestra actitud  tal vez  no sean tan  agradables a Dios  como el de Ezequías, ¿Qué oportunidad tendríamos nosotros  de tener  una respuesta de Dios  que nos sane y nos de otro chance en la vida? Ninguno de nosotros puede justificarse delante del  Señor, ninguno es lo suficientemente bueno, todo lo que recibimos  es de su naturaleza de amor y misericordia  para con nosotros  a través  del sacrificio de Jesús tal y como sucedió  con  uno de los  hombres condenados  a morir en la cruz por sus acciones y que,  le pidió a Jesús que se acordara de él en su reino.

Recordemos, entonces, lo que dice el Salmo 51:17: "Los sacrificios de  Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciaste, oh Dios". Un corazón en estas condiciones  obedece  a alguien arrepentido, con deseos de cambiar, de hacer las cosas mejor,  de arreglar su vida, de  buscar de Dios, de  servirle, de honrarlo.

Entonces,  querida amiga o amigo, de  aquí en adelante,  ¿Qué haría  usted si le tocara enfrentar  un caso como el de Ezequías?

Escrito por: Lucero Perilla

 


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