San Lucas 22:53

San Lucas 22:53

"Todos los días he estado con ustedes en el templo, y ni siquiera me tocaron. Pero esta es la hora de ustedes, cuando domina la oscuridad” (San Lucas 22:53)

Un pobre mendigo tocó la puerta a la casa de un señor pidiéndole pan. Con vergüenza de tener un mendigo al frente de su casa, el dueño le hizo pasar y lo llevó a la parte trasera de su casa a un sitio bien aislado de la misma. Por ser muy religioso, él quería que el mendigo orase antes de comer. Por eso le dijo al mendigo: “Repita conmigo: Padre nuestro”. El mendigo dijo “Padre suyo”. “¿ Por qué usted dice Padre suyo en vez de Padre nuestro?” preguntó el señor. El mendigo le respondió diciendo: Bien, si yo dijese “Padre nuestro”, esto nos haría hermanos, hijos del mismo Padre. “Y yo estoy seguro de que a Dios no le gustaría ver a un hijo suyo, llevando a su hermano a un lugar escondido para darle un pedazo de pan”. A escondidas, en la oscuridad, de manera camuflada y traicionera es que actúa el gran engañador de este mundo, llamado “el padre de la mentira”, Satanás. Su intención es sembrar el error, la discordia, el engaño, a fin de apartar a las personas de Dios, haciendo predominar las tinieblas del pecado.

Según las leyes judías, nadie podía ser juzgado y condenado durante la noche. Más, esto es lo que hicieron con Jesús, movidos por “el padre de la mentira”. Ellos tuvieron muchas oportunidades para apresar y juzgar a Jesús en plena luz del día. Muchas veces Jesús estuvo públicamente con ellos en el templo. Ellos creían que en la oscuridad y las tinieblas podrían vencer aquel que es la Luz del mundo. ¡Tremenda sorpresa! Jesús soportó todos los ataques malignos, enfrentó acusaciones, sufrimientos y la propia muerte de manera injusta.

El lo hizo por amor a todos los hombres, para resolver su mayor dificultad: su enemistad con Dios. Venciendo al “padre de la mentira”, Jesús preparó plena, poderosa y completa salvación para toda la humanidad, abriendo así nuevamente la reconciliación de los hombres con Dios y el acceso a Dios Padre.

Oremos: Señor Jesús, te doy gracias por tu amor por mi. Dame fuerza y discernimiento para rechazar las tinieblas y anunciar con valentía tu luz a todos los que están cercanos a mi. Amén.


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