Amando verdaderamente a nuestra familia

Amando verdaderamente a nuestra familia
Proverbios 31

12 Le da ella bien y no mal
Todos los días de su vida.
13 Busca lana y lino,
Y con voluntad trabaja con sus manos.
20 Alarga su mano al pobre,
Y extiende sus manos al menesteroso.
21 No tiene temor de la nieve por su familia,
Porque toda su familia está vestida de ropas dobles.

En las tardes soleadas del mes de junio, caminando por el centro de la ciudad, observe en una esquina una señora que no conocía pero necesitaba en ese momento mi ayuda, de inmediato busqué un asadero cercano y me apresuré a comprar un delicioso pollo asado, el cual con prontitud se lo llevé; como iba en compañía de mi pequeña hija aproveché para enseñarle acerca de la generosidad cristiana, y le expliqué que dicha señora tal vez por esa noche iba a llevar una deliciosa cena a casa.

Todo esto parecía excelente para llenar nuestro corazón por la buena labor realizada en el día, hasta que llegamos a nuestra casa   y mi hija preguntó si de aquel delicioso pollo había comprado también para cenar. De repente sentí culpabilidad de lo erróneo de mis prioridades. Me había preocupado en gran manera por la necesidad de otros pero había olvidado la cena de casa.

En conclusión le estaba dando a otra persona algo especial que no les estaba brindando a las personas más importantes dadas por Dios a mi vida. Faltaba honrar primero a mi familia.

A partir de este momento cuando doy  algo especial a personas con las que creo realizar una buena obra, lo hago primero con las personas muy cercanas a mi corazón como lo es mi familia.   

Escrito por: Ana Milena Villamizar

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