Agua Contaminada

Agua Contaminada

En la parte baja de la pradera hay un río. ¡Qué bueno debe ser bañarse allí en el verano! Pero cuando alguien se acerca al río, se le quitan las ganas de bañarse en él. Es como si, incluso a los peces, les repugnase esa agua amarillenta. Ese fenómeno tiene una explicación: algunos kilómetros más arriba, el río pasa por una capa de arcilla y barro que colorea el agua y hace que esta no sea más transparente y pura.

Este río ilustra lo que son los cristianos cuando se dejan influenciar por malas compañías, se ensucian con espectáculos malsanos, lecturas o imágenes que imprimen en la mente marcas negativas duraderas y a veces imborrables.

Mantengámonos lo más lejos posible de ese veneno mortal, pues no solo preservaremos nuestra propia alma. Como cristianos, no olvidemos que somos canales a través los cuales el agua que trae la vida de Dios debe ser transmitida. Pero, ¿para qué puede servir un agua contaminada? Si tiene la más mínima impureza, deja de ser potable; y estando enlodada, en vez de limpiar, ensucia. Así, los que nos rodean no tienen ningún deseo de gustar nuestra fe...

Mostrémosles, al contrario, todo lo que nos da el Señor Jesús, viviendo una vida que se parezca a la suya. ¡Él es la fuente de la vida!

“Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:37-38).

Lectura: Isaías 54-55 - Marcos 9:30-50 - Salmo 55:8-15 - Proverbios 15:5-6

Tomado de la Buena Semilla


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