Estad siempre gozosos...

Estad siempre gozosos...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

A veces decimos que la oración es la respiración del alma. Sin la respiración, el cuerpo muere; no orar significa rechazar ese diálogo que puedo tener con Dios a cada instante.

¡Entonces oremos! La palabra “oración” aparece muchas veces en la Biblia para invitarnos a utilizar este magnífico medio que Dios pone a nuestro alcance. “Perseverad en la oración” (Colosenses 4:2). “Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración” (Filipenses 4:6). No lo dudemos, Dios escucha, Dios actúa, y si bien no cambia el curso de nuestra vida, nos da su paz que guarda el corazón y los pensamientos.
Además, ¡supliquemos a Dios! De ningún modo lo molestamos con nuestras oraciones. Al contrario, le mostramos que somos conscientes de nuestra debilidad y de su poder, de su amor y de la importancia que tiene para nosotros. La súplica es la oración ferviente de aquel que sabe que la mejor solución es dirigirse a Dios. Aprovechemos, pues, constantemente esta relación excepcional que la oración establece entre Dios y nosotros.
¡Y demos gracias! ¡Tenemos tantos motivos para hacerlo! No solo los grandes acontecimientos de mi vida me invitan a dar gracias a Dios, sino también las cosas pequeñas que parecen normales y que sin embargo no todos las tienen. ¡Agradezcamos a Dios por todas sus bendiciones! Démosle gracias, sobre todo, porque nos dio al Señor Jesús. Por medio de él ahora podemos conocerlo como un Padre bueno y dirigirnos a él con confianza.


LECTURA: Josué 5 - Hebreos 7:18-28 - Salmo 125 - Proverbios 27:21-22

LA BUENA SEMILLA.


[ + REFLEXIONES ]