Creer a Dios. 2da Parte

Creer a Dios. 2da Parte
1.    La Fe es una cualidad del Fruto del Espíritu Santo
En nuestra condición de creyentes del Nuevo Testamento, el Espíritu Santo viene a morar en nosotros cuando recibimos a Cristo como nuestro Salvador personal, y al hacerlo, trae con Él su personalidad. Cuando estamos rendidos a la autoridad del Espíritu Santo, su personalidad llena y eclipsa la nuestra. Cuando no estamos rendidos, contristamos al Espíritu Santo y funcionamos a partir de nuestra naturaleza carnal. Gracias a Dios que aun así Él no nos abandona, pero nuestra fe se reduce consecuentemente. Es que cuánto más llenos estamos del Espíritu Santo, más fe podemos poseer. La fe es la raíz de toda fidelidad a Dios. La fidelidad es la expresión externa de una plenitud interna de fe.  Cuando recibimos el Espíritu Santo, recibimos la capacidad de ejercer una fe orientada hacia la acción.

2.    La Fe viene por el oír la Palabra de Dios.
Uno de los edificadores de fe más grandes que tenemos es la relación con Dios a través de su Palabra. Cuanto más receptivamente nos exponemos a la Palabra de Dios en mensajes, enseñanzas, lecciones, momentos devocionales y estudios bíblicos, más combustible agregamos al fuego de nuestra fe.
Para crecer en la fe y vivir con la victoria necesito concretamente estudiar la Biblia de manera personal y escuchar la enseñanza expositiva de otros hasta que muchas partes de la Palabra literalmente cobren vida dentro de mí. Eso es lo que edifica nuestra fe.

3.    Podemos pedir a Cristo que aumente nuestra Fe.
Una manera de tener más fe es pedirla. En Marcos 9:14-25 este hombre hizo un pedido a Jesús. Ayuda mi incredulidad….. ¿Se imagina cómo sería transformada nuestra vida si comenzáramos cada día pidiéndole a Cristo que nos ayude con nuestra poca fe, que nos ayude a vencer nuestra incredulidad? ¿Por qué no comenzar hoy mismo?  Es que no somos muy diferentes al hombre que encontramos en el relato bíblico. Probablemente seamos mas rápidos para responder: ”Creo”  pero tan pronto como hayamos pronunciado esa palabra el Espíritu de verdad nos convencerá y reconoceremos cuán paralizados quedamos, muchas veces, por nuestra incredulidad.

4.    Confesar a Cristo nuestra incredulidad y pedirle su ayuda para vencerla.
Jesús nunca nos rechazará cuando acudamos a Él con absoluta honestidad y le pidamos lo que nos falta. Debido a que sin fe es imposible agradar a Dios, usted yo enfrentaremos constantemente nuevos retos para creerle. Si fueran fáciles no demandarían fe. Descubriremos que en muchas áreas podemos caminar sobre el agua, en tanto que en otras nos ahogamos por la incredulidad. Aprendamos a confesar nuestra incredulidad y pidamos a Cristo que nos dé poder para vencerla.




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