Dia 9 - Dios Es Amor, Crealo

Dia 9 - Dios Es Amor, Crealo
Viernes, febrero 22 del 2013

Hoy, el Día 9 de la Cuaresma, sigo pensando en la margarita de la cual hablamos ayer.

Cuando era niña, me fascinaba coger esa flor y jugar a “Deshojando la Margarita”, siempre esperando que la buena suerte me dejaba con el pétalo de “me ama” al final.

Hace años no juego con margaritas reales, pero me he dado cuenta que sigo jugando con “margaritas espirituales” al preguntarme: ¿Cómo es mi percepción del amor de Dios por mí? No solo en mi mente, donde sé intelectualmente que Dios siempre me ama. No solo en mi espíritu, donde creo por fe que Dios siempre me ama. Pero en mi corazón, en lo más profundo de mi alma, ¿es mi percepción del amor de Dios por mí como deshojando una margarita: me ama – no me ama – me ama – no me ama? Me ama, porque hoy amanecí sintiéndome bien y contenta. No me ama, porque a los 10 minutos me disgusté con mi esposo o mis hijos, y sé que mi actitud desagradó a Dios. Me ama, porque logré tener un buen tiempo en la presencia de Jesús. No me ama, porque al ratico me enojé con un comentario hecho por una compañera de trabajo, y sé que no era la reacción que Dios hubiese querido de mí … Y así voy, todo el día: me ama – no me ama – me ama – no me ama. Como un péndulo, oscilando entre la convicción de que sí me ama pase lo que pase, y la duda de que quizás por tantas embarradas mías no me ama tanto.

Yo lucho, porque se me olvida que mi percepción de las cosas no siempre es la realidad. Y cuando se trata del amor de Dios por mí, y las dudas y los temores que tengo frente a ese amor, mi percepción siempre está equivocada. Porque el amor de Dios por mi nunca cambia. Nunca. Nunca ese amor por mi es “más”, pase lo que pase, haga yo lo que haga, diga yo lo que diga. Y nunca es “menos”. Siempre, siempre, siempre es igual, es incondicional y es completo. No hay nada que puedo hacer hoy o mañana que haga que El me ame más, y no hay nada que puedo hacer hoy o mañana que haga que El me ame menos. El simplemente y siempre me ama con un amor insondable y eterno. Punto. 

Entonces, si quiero seguir deshojando mis “margaritas espirituales”, tengo que cambiar las reglas del juego, y empezar a decir con seguridad: me ama – me ama – me ama – me ama. Me ama, porque hoy  serví a Dios con entrega y gratitud – me ama, aunque hoy perdí la paciencia y alcé la voz – me ama, porque hoy vencí una tentación – me ama, aunque hoy caí en la tentación … En esta nueva versión del juego de “Deshojando la Margarita”, cada pétalo que arranco es un “me ama”, porque no hay un momento en el tiempo o en la eternidad cuando Dios “no me ama”.

Lo triste de todo esto es que, si yo sigo jugando el juego con las reglas viejas, yo resulto viviendo la mayoría o al menos mucho de mi vida como si fuese menos amada de lo que verdaderamente soy. Cada vez que quito un pétalo de la margarita y digo o pienso “no me ama”, vivo como si fuese menos amada de lo que soy. Vivo con dudas. Vivo con temor. No vivo en abundancia. No vivo en plenitud. Mi vida resulta siendo menos de lo que podría y debería ser, porque siento que soy menos amada de lo que realmente soy.

Por eso, una y otra vez, me martillan las palabras de Pablo en su carta escrita a los efesios, que dicen: “… Y pido que, arraigados y cimentados en amor, puedan comprender, junto con todos los santos, cuán ancho y largo, alto y profundo es el amor de Cristo; en fin, que conozcan ese amor que sobrepasa nuestro conocimiento, para que sean llenos de la plenitud de Dios.” (Efesios 3:17-19)

Henri Nouwen, un famoso cura holandés que murió en el Canada hace unos 15 años, llegó un día al Museo Hermitage en San Petersburgo en Rusia. Allí, por dos días completos, contempló la obra El Retorno del Hijo Pródigo del famoso pintor holandés Rembrandt. Como resultado de esa profunda reflexión y meditación, escribió en su libro El Regreso del Hijo Prodigo: Una Meditación Sobre Padres, Hermanos e Hijos lo siguiente: “Cada pequeño paso hacia el centro parecía ser una demanda imposible, una demanda que me requería soltar una vez más siempre querer estar en control, entregar una vez más el deseo de querer predecir la vida, morir una vez más al temor de no saber donde terminaría todo, y rendirme una vez más a un amor que no tiene límites … Nunca podría obedecer el gran mandamiento de amar si no permitiera que a mí me amaran sin condiciones y sin prerrequisitos … Aquí está la esencia de las buenas nuevas: ¡Dios es por nosotros! … Verdaderamente aceptar el amor, el perdón y la restauración muchas veces es más difícil que darlos. Es un lugar más allá de ganar, merecer y ser premiado. Es el lugar de entrega completa y confianza total.”

Amados: mi oración durante esta Cuaresma es que todos podamos comprender cada día más la magnitud y la excelencia del amor de Dios por nosotros – es tan ancho, y tan largo, y tan alto y tan profundo que sobrepasa nuestro entendimiento – pero solo al empezar a comprenderlo y creerlo, solo al empezar a permanecer en ese amor, podremos vivir la vida plena que tanto anhelamos.

Amados: volvamos a jugar a “Deshojando la Margarita”, pero ahora convencidos de que cada pétalo es un resonante “DIOS ME AMA”. Arraiguémonos y cimentémonos tan profundamente en el amor seguro de Cristo, que nunca jamás vivamos como si fuésemos menos amados de lo que verdaderamente somos.


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